Yamila. 26. Buenos Aires. Gracias imaginación.

¿Cómo hace él para seguir adelante? Yo no sé, yo no puedo.
Cada persona que había pasado por mí me había dejado los límites claros, y sino me los ponía yo. La frialdad me caracterizaba, no del todo, pero ayudaba. Una defensa paupérrima pero firme. Cuando todo terminaba, un semi vacío y dos días medianamente tristes me acompañaban. Los flashes surgieron, obvio, pero fueron sólo eso. Vos no eras para mí, yo no era para vos. Hay más peces en el mar. La pasamos bien y el rencor es un tema para desahuciados.
Pero vos no. Por primera vez en mi vida en 23 años me estaba entregando completamente. Yo te veía como uno más pero sabía, sentía que no lo eras. No quería creer lo que me decías pero de alguna manera se quedaba guardado sin mi permiso. Casi 4 meses de reirte, soñarte, olerte, sentirte, enojarte, pelearte y convertirnos en uno con un simple abrazo. Nada importaba cuando estaba con vos. El mundo era ajeno, nosotros teníamos nuestro espacio secreto. Me paseabas como tu única, me tratabas como tu única, y yo trastabillando descendí más profundo. “No te veo como alguien más, sos diferente, por algo estás vos y no otra”. Simples palabras maquilladas.
Primera vez que lloro para un hombre, primera vez que no puedo dar un paso sin querer llorar. Primera vez que me siento sola para siempre, sino era él, no puede ser nadie más. El vacío, la tristeza, la angustia, la bronca y miles de sentimientos más forman parte de toda esta mañana, y ni una sonrisa me es sincera. Con cada suspiro deseo que vos estés al lado mío.
De a ratos te quiero al lado mío diciéndome que te equivocaste, que seguís para y conmigo. Y de a ratos quiero simplemente que todo pase más rápido para llegar a esa superación maldita de la que todos los fuertes se jactan.
“Nunca” contestaste de manera rotunda cuando te planteé en un capricho que me dejaras de hablar. Un capricho concedido a la larga. Muerta por mis propias palabras. Almohadas llenas de sal por un tiempo que espero que sea corto y leve.

La angustia que tengo ahora mismo es de no creer. Bronca por mil. 😢😞

Lo bueno de tener amistades verdaderas es que aprendemos a confiar ciegamente. Lo malo ocurre cuando confiamos así en alguien nuevo y al final termina destrozando todas esas palabras que con tanto fuerza defendió.
La duda y la bronca y el dolor te corroe por todo el cuerpo y las cosas buenas carecen de sentido; carece de todo en sí